¿Quién intenta construir un edificio en mitad de un terremoto?
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Maria Simón Recio


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Queremos que nuestros niños sean autónomos, tengan sentido crítico y capacidad de decisión el día de mañana. A veces olvidamos que ese camino es largo e intenso. Habrá días en los que todo salga bien y sentiremos cómo todo avanza; en otros, pensaremos que nos hemos estancado porque no nos hemos entendido al hacer las tareas.
Estas fases son necesarias y comunes a todo ser humano: salir de la zona de confort, confiar y comprometernos incondicionalmente nos cuesta. Lo importante es que alcanzar nuestros objetivos pasa por este recorrido y, cuando lo atravesamos, la recompensa resulta mucho más gratificante para el cerebro y para el alma; se convierte en el motor que nos impulsa a seguir mejorando y transformándonos.
Si aplicamos este proceso al crecimiento de los niños, vemos que están en constante desarrollo y que su cerebro cambia a medida que incorporan conocimientos y experiencias día tras día. Es crucial brindarles apoyo para que su mundo emocional no se vea afectado durante este camino.
La necesidad de estabilidad y de espacios seguros es indiscutible para favorecer un crecimiento personal, académico y emocional saludable. Por eso, todos y cada uno de los adultos a su cargo tenemos la responsabilidad de acompañarlos desde nuestro lado más empático.
En lo que respecta a la organización en casa de los deberes, las extraescolares y otras tareas, no debe cundir el pánico. Como hemos comentado, debemos crear y sostener un entorno seguro y estable para el niño.
La rutina de llegada a casa tras la jornada escolar debe ser siempre la misma. Incluso los días en que no haya exámenes que preparar, trabajos que hacer o deberes que resolver, conviene mantenerla: seguir la misma ruta mental evita cambios innecesarios y reduce la alerta.
Así, el cerebro permanece tranquilo y no está pendiente de imprevistos. Con el tiempo, se entrena para nutrirse de conocimiento en una franja horaria concreta: ya sea resolviendo deberes, preparando un examen o leyendo un libro o artículo cuando no haya tareas pendientes. De este modo, el aprendizaje será más efectivo y mejor aplicado.
No se queda solo en esto, el niño o niña fortalecerá su confianza interna mejorando así su relación intrapersonal y su fuerza interior. Sentirá la importancia de dedicar tiempo a cultivar el cerebro y del mismo modo respetará el tiempo de los demás cuando lo estén llevando a cabo.
Estamos hablando de que un solo proceso, que se lleve a cabo de buena manera, sembrará en ellos la semilla de la empatía, esperanza, confianza y paciencia.
Este aspecto es básico, pero no único, somos seres complejos y por ello los procesos para llevar a cabo el mejor desarrollo humano e individual debe de ser siempre desde un punto de vista global, abordando cada una de las partes que forman nuestro desarrollo.
Cada niño y cada edad es única y especial. Necesitará un tiempo de adaptación.
Y…TODO EMPIEZA EN LA INFANCIA.
La información que compartimos aquí no es distinta de la que necesitan conocer los niños.
Si adaptamos el medio: lenguaje, ejemplos y formato. Podemos transmitirles las mismas ideas que a los adultos.
Al fin y al cabo, todos somos seres humanos, comprendemos los mismos principios y vivimos experiencias parecidas; solo van cambiando con la edad y con el paso del tiempo.
Aquí tienes una muestra de ello:


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