"Las comparaciones son odiosas"
¿Alguna vez has notado cómo cambia la mirada de tu hijo cuando lo comparas sin querer? ¿Y te has preguntado qué pasaría si hoy solo lo miraras por quién es, no por quién debería parecerse? Juntos, por un crecimiento genuino.
ARTÍCULOS
María Simón Recio


Muchos padres usan frases sin mala intención:
“Tu hermano a tu edad ya hacía los deberes solo”, “¿No puedes ser responsable como él?”.
O incluso esas que nos decimos hacia dentro:
“No te culpes”, “Tienes que ser mejor madre/padre”.
Lo hacemos buscando orientar, motivar, ordenar… pero el mensaje que llega es otro.
Cuando un niño recibe comparaciones constantes, aprende que su valor depende de un espejo ajeno.
Que hay un “mejor” al que tiene que llegar.
Y cuando tú te comparas como adulto, ocurre lo mismo.
Tu autoestima se vuelve un examen diario y agotador.
El punto calve es la honestidad contigo mismo.
No la que castiga, sino esa que mira lo que pasa sin juicio.
“Hoy estoy cansado, por eso reaccioné así.”
“Hoy mi hijo necesita más acompañamiento que su hermano.”
“No tiene que ser igual. Yo tampoco lo soy.”
Desde esa mirada, ya no hace falta comparar para orientar.
“Veo que esto te cuesta, vamos paso a paso.”
“Hoy solo quiero que intentes la primera parte.”
“Estoy aquí si necesitas ayuda.”
Y el mensaje que recibe es:
“No tienes que parecerte a nadie para ser valioso.”
Porque al final, acompañar a un niño no es moldearlo para que encaje en una medida.
Es enseñarle a escucharse, a sentirse capaz, a conocerse sin miedo.
CONTACTA
info@guiamosjuntos.com
© 2025 Guiamos Juntos™. Todos los derechos reservados.
